El comodísimo autobus desde Singapur me dejó en tres horas en la histórica ciudad de Malaca (Melaka para los malayos) tras ágil parada en la frontera para sellar la salida y la entrada de los países, y comprobación de que no llevaba armas de destrucción masiva.
En el guesthouse de Singapur, mientras me rascaba, me habían dado dos fotocopias de alojamientos en la ciudad y elegí el que se suponía que tenía internet. Resultó que estaba muy cercano a la parada del autobus, lo que no fue óbice para que me costara encontrarlo, pues el mapita que acompañaba a la información era de escala libre y me alejé más de lo que debía.
En el guesthouse de Singapur, mientras me rascaba, me habían dado dos fotocopias de alojamientos en la ciudad y elegí el que se suponía que tenía internet. Resultó que estaba muy cercano a la parada del autobus, lo que no fue óbice para que me costara encontrarlo, pues el mapita que acompañaba a la información era de escala libre y me alejé más de lo que debía.
