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martes, 2 de marzo de 2010

TRES HORAS EN KIEV CON ALEXANDER


En la estación de Kiev, Alexander me acompañó a recoger mi billete que había comprado por internet una semana antes en casa de Christian. Desafortuanadamente, mi billete no era algo conocido por las taquilleras ucranianas y le dijeron a Alexander que no valía para nada. Así que tuvimos que ir a cambiar euros por moneda local, nada menos que 80 euros y comprar otro billete. Después dejé en consigna mi mochila y nos marchamos en taxi al centro de la ciudad a cenar. Tenía tres horas hasta que partiera el tren hacia Moscú (salía a las 20h22). Kiev estaba abarrotado de tráfico y tardamos una eternidad en llegar al restaurante.

lunes, 1 de marzo de 2010

BERLÍN - KIEV: EL TREN ERA UNA FIESTA

Mientras yo escribía en el diario y estudiaba el alfabeto cirílico, en el compartimento de al lado se escuchaban risas y sonido de botellas. Cuando salí al pasillo para observar, ya más tranquilo, cómo era la vida en el tren, pude ver quienes estaban allí: un tipo alto y una chica alta y delgaducha, junto con el revisor y el del chandal.
Después me puse a cenar y comprobé que no había pensado en comprar agua, ya que llevaba una pequeña botella y todo lo que tenía para comer era bastante salado. Horror, iba a pasar bastante sed. Paseé por los vagones en busca de un vagón restaurante pero no lo había. Probé el agua de los servicios, supuestamente no potable, y vi que no tenía mal sabor: por lo menos no tenía hidrocarburos o venenos perceptibles.