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Empapado entré a la enorme nave de espera anterior al puerto. Allí me encontré de nuevo con el trío checo que había encontrado en Darjeeling. Como las condiciones meteorológicas no permitían hacer excursiones en el Himalaya habían decidido viajar hasta las Andamán. Además estaban allí Wiet, un holandés serio pero con cierto sentido del humor y Anton, un finlandés de lo más amigable. En seguida le conté que hace años visité su país, pero la dificultad de los nombres de aquel lugar helado me impidió darle una lista detallada de lo que visité. Qué cabeza la mía.
