sábado, 6 de marzo de 2010

viernes, 5 de marzo de 2010

PASEOS, BILLETES DE TREN Y CONCIERTO EN EL HOSTEL


Por la mañana salí a recorrer los alrededores del centro de Moscú para visitar un par de rascacielos de los siete mandados construir por Stalin. La visita la hice caminando y comprobé que en esta ciudad conviene ponerse a refugio cada cierto tiempo para no quedarse pajarito. Pasé por delante de la embajada de Estados Unidos; estuve tentado de fotografiarla pero preferí ser recatado y evitar problemas. Paré en un centro comercial de lujo y pensé en comprar algo para desayunar, pero pensé que siendo Moscú una ciudad ya de por sí muy cara, comprar allí sería de lo menos aconsejable, así que aguanté el apetito. Visité el primero de los rascacielos, el Hotel Leningrado y descaminé lo recorrido para ir hacia el otro, el del Ministerio de Asuntos Exteriores, un edificio bastante imponente.

jueves, 4 de marzo de 2010

CAMBIO DE HOTEL Y VISITA AL KREMLIN CON SERGEY

Solamente tenía una noche en el hotel Asia, por lo que a la mañana siguiente recogí con la intención de abandonarlo a las 11 horas para poder llegar a las 12 al Hostel Moscú en el centro mismo de la ciudad. Antes de irme, pregunté a la recepcionista por mi registro policial (en Rusia, cada vez que uno cambia de destino debe registrarse en la policía para que sepan dónde te encuentras). Resultó que todavía no tenía el registro y debía esperar dos horas hasta que llegara, así que permanecí en el hall del hotel escribiendo en el diario.

miércoles, 3 de marzo de 2010

PRIMER DÍA EN MOSCÚ

Estaba completamente dormido cuando en medio de mi sueño oí un coro de voces y un fuerte golpe. Al momento me despertó Roscko: habíamos llegado a Moscú. Eran las 6h39, pero en mi reloj ponía 5h39 ya que Rusia es una hora más que en Ucrania (y dos más que en Europa occidental). Me dijo que me diera prisa en recoger y se despidió de mi. Enseguida pasó el revisor (compruebo que en estos países hasta un simple botones va vestido como un comandante) y supongo que me dijo que me fuera echando leches. Recogí lo más rápido posible y salí a la estación todavía de noche. Hasta las 12h no me podía presentar en el hotel.

martes, 2 de marzo de 2010

TRES HORAS EN KIEV CON ALEXANDER


En la estación de Kiev, Alexander me acompañó a recoger mi billete que había comprado por internet una semana antes en casa de Christian. Desafortuanadamente, mi billete no era algo conocido por las taquilleras ucranianas y le dijeron a Alexander que no valía para nada. Así que tuvimos que ir a cambiar euros por moneda local, nada menos que 80 euros y comprar otro billete. Después dejé en consigna mi mochila y nos marchamos en taxi al centro de la ciudad a cenar. Tenía tres horas hasta que partiera el tren hacia Moscú (salía a las 20h22). Kiev estaba abarrotado de tráfico y tardamos una eternidad en llegar al restaurante.

lunes, 1 de marzo de 2010

BERLÍN - KIEV: EL TREN ERA UNA FIESTA

Mientras yo escribía en el diario y estudiaba el alfabeto cirílico, en el compartimento de al lado se escuchaban risas y sonido de botellas. Cuando salí al pasillo para observar, ya más tranquilo, cómo era la vida en el tren, pude ver quienes estaban allí: un tipo alto y una chica alta y delgaducha, junto con el revisor y el del chandal.
Después me puse a cenar y comprobé que no había pensado en comprar agua, ya que llevaba una pequeña botella y todo lo que tenía para comer era bastante salado. Horror, iba a pasar bastante sed. Paseé por los vagones en busca de un vagón restaurante pero no lo había. Probé el agua de los servicios, supuestamente no potable, y vi que no tenía mal sabor: por lo menos no tenía hidrocarburos o venenos perceptibles.

PASEO ACELERADO POR BERLÍN Y ALTA TENSIÓN EN EL TREN A KIEV

Esta mañana la dediqué a visitar Berlín de forma frenética. Desayuné con Stefan y con Danny, y Stefan me hizo un itinerario para una mañana por la ciudad. Lo primero que hice fue ir a la estación central de Berlín, donde partía mi tren. Saqué de una máquina expendedora mi billete Berlín-Kiev y dejé en consigna mi pesada mochila (sí, finalmente pesa demasiado, parezco Obelix con un menhir de nylon). Por cierto, dejar en consigna un bulto gordo son 6 euros.